Cómo sobrevivir a la pérdida de mochilas en Filipinas

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Tras 34 horas sin dormir, por fin, llegamos a nuestro destino, la capital de la isla de Cebú. Nos dirigimos a retirar nuestras maletas a la cinta transportadora, las maletas iban saliendo y uno a uno los pasajeros fueron retirando las suyas, tras ver que casi estábamos solos y el par de maletas que quedaban ya habían dado varias vueltas entendimos que algo malo estaba sucediendo.

Nos dirigimos a un empleado del aeropuerto que nos llevó a un despacho, allí, con nuestro inglés chapurreado le explicamos lo sucedido, por lo que tuvimos que presentar la reclamación de la pérdida de nuestras maletas, las dos, todo un show con el Google traductor para arriba y para abajo rezando para que aguantara la batería del móvil que no habíamos cargado durante el viaje por no tener el cargador encima…

Lo único que habíamos estado deseando era llegar al hotel y pegarnos una ducha, pero tuvimos que afrontar esta nueva circunstancia, no teníamos nada en nuestro equipaje de mano, salvo el dinero y la documentación, así que debíamos comprar algo de ropa y cargadores para los móviles puesto que no sabíamos si las encontrarían y en cuyo caso, cuánto tardarían en devolvérnoslas.

Aprovechamos en el aeropuerto para cambiar el dinero y compramos una tarjeta para el móvil de Adrián, para estar comunicado con la familia pero también para utilizar el GPS y el Google traductor.

Con las indicaciones de Lloyd, el empleado de Cathay Pacific que nos atendió en el aeropuerto, cogimos el Mybus, un transporte público que por 50 php y donde éramos los únicos extranjeros, nos llevó al centro comercial SM City Cebú. Me había apuntado en la mano el nombre del centro comercial, entre el cansancio y el poco inglés vino bien, me sentí un poco como en el programa de Pekín Express.

El centro comercial SM City Cebú, es un centro comercial de 4 plantas, cada planta con su recovecos que terminan desorientando. Tiendas de todo tipo de ropa, de animales con peces extrañísimos, de electrónica de diferentes marcas, de souvenirs, un supermercado, etc. Una planta de ocio con cine, bolera y restaurantes de comida variada. Además, hay puestos variados de postres, de comida rápida, ropa y complementos. Vamos, un centro comercial que cubre las mismas necesidades que los centros que tenemos en España. En este centro empezamos y terminamos el viaje, es por ello, por lo que en nuestra segunda visita pudimos averiguar todo lo que ofrecía ya que en la primera no tuvimos tiempo.

En la misma tienda y a toda prisa, porque debíamos coger un ferry y no teníamos muy claro la hora de la última salida, compramos lo suficiente para cubrir dos mudas: blusas, pantalones cortos, ropa interior y un bikini para mí. Luego en uno de los puestos de electrónica compramos: dos cargadores de móviles y uno para la Go Pro.

Al terminar nos dirigimos a la parada de taxis, por 100 php nos llevó a la estación de Ferrys. En la estación de Ferrys cogimos el Ocean Jet, que nos costó 500 php (también hay que pagar la tasa del puerto que cuesta 25 php) y duró 2 horas el trayecto hasta la isla de Bohol. El trayecto fue bastante tranquilo, no se movía casi, te ofrecen una película en inglés para amenizarlo y pasan con un carrito con comida (galletas, papas y vasos de sopa con fideos como los Yatekomo) y bebida: agua y refrescos.

Al llegar a la estación recordamos, que con todo el lío y las prisas, no le habíamos mandado al hotel el email para que nos pasaran a buscar por lo que tuvimos que pillar un taxi que nos costó 800 php, nos enseño la tabla de precios y aceptamos.

Por fin, llegamos al hotel Fox & The Firefly Cottages, un conjunto de 5 cabañas, orientadas todas a un pequeño jardín, al lado del río Loboc, con cómodas camas de bambú y una agradecida mosquitera. El baño está en la parte trasera de la habitación, es privado pero abierto, por lo que cuando te duchas y miras hacia arriba ves vegetación y cielo, pero no te apures, hay una red que impide que te pueda caer algo. ¡Fantástico para comenzar!

En la recepción nos atendió una chica muy amable que hizo lo posible por entendernos y a la que le explicamos lo sucedido con las maletas por si la llamaban (ya que al no entender inglés, aunque di mi número de móvil le explicamos que mejor informara al hotel). Mientras nos informaba sobre las actividades, vimos que la excursión para ver luciérnagas en el río Loboc de noche no se efectuaba en kayak, tal y como habíamos visto en internet, sino en paddle-surf, por lo que en el momento no quisimos contratarlo. Finalmente, no lo hicimos porque el río era de agua turbia que daba respeto hasta de día, como para ir de noche en un medio en el que nos pudiéramos caer…

Antes de que nos terminara de dar la llave se fue la luz, algo muy habitual allí, por lo que nos acompañó a la habitación, indicando donde estaba el restaurante, y nos dejó la linterna para que pudiéramos apañarnos.

Dejamos nuestras maletas, nos alumbramos visitando el baño, algo que preferiríamos olvidar… jeje, y fuimos al restaurante.

El restaurante estaba en una planta superior, con suelo de madera, decorado con velitas, por un lado había mesas y sillas para comer y al fondo una zona más confortable con sillones llenos de cojines para relajarte mientras te tomas algo.

Aunque la carta era variada, cenamos unos platos típicos, Adrián se tomo un arroz con verduras salteadas y yo unos noodles (fideos) con salsa de coco. En medio de la cena una música llamó nuestra atención, en el pueblo había fiesta, me asomé y vi una pequeña procesión, por lo visto celebraban la fiesta de San Roque.

Tras cenar nos sentamos en la terraza y para nuestra sorpresa, al seguir sin luz en el pueblo, el cielo se veía estrellado y no quiso faltar a nuestro momento de disfrute una luciérnaga, nos quedamos flipados, mientras ella se iba destellando por su camino. ¿Lo mejor de todo? No sería la única que vimos mientras estuvimos alojados allí.

Regresamos al cuarto y cuando ya habíamos decidido que no nos íbamos a duchar porque la ducha estaba en el exterior, sin luz y con mucho mosquito, regresó la luz, pusimos a cargar un móvil y la cámara y nos acostamos.

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