Bohol – Restaurante flotante – Alona Beach

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Día 3

Desde las 4 de la mañana desvelados… decidimos salir a las 7:00 a pasear por los alrededores. No podíamos ir muy lejos, puesto que uno de los empleados del hotel se ofreció para llevarnos al restaurante flotante y habíamos quedado a las 10:30.

Husmeando por la zona vimos las típicas barquitas de los pescadores y unas nasas de pesca de mimbre, alrededor del río Loboc. También vimos caracoles del tamaño de un dedo corazón. Nos acercamos a un mercado de frutas que estaba cerca del hotel justo a la altura de la carretera y nos compramos plátanos y manzanas.

Río Loboc

A las 10:15 regresamos para recoger nuestras mochilas y pagar la cuenta: 2 noches de hotel, 2 desayunos, 2 cenas, una crema solar y la moto del día anterior por 2870 php.

El empleado del hotel que se había ofrecido a llevarnos apareció a las 10:30, se subió a una moto y nos hizo una seña para que nos subiéramos, sí, nuestro transporte iba a ser una moto para los tres… pues nada, nos subimos y fuimos adaptándonos a sus costumbres…

3 en moto por Bohol

Restaurante flotante por el río Loboc 

Consiste en un recorrido de 1 hora, en el que te llevan hasta una pequeña cascada y justo encima se encuentra el teleférico. Por 900 php tienes derecho al buffet (arroz, tallarines, pinchos de cerdo, albóndigas, pescado empanado, ensalada y fruta), la bebida se paga aparte. 

Amenizan el trayecto con música en vivo, con canciones de Frank Sinatra, ABBA, etc, que solo hace un descanso cuando el barco se para en un puertito para ver como mujeres locales hacen danzas típicas acompañadas de la música que ofrecía el equipo masculino. A alguna no se le veía muy ilusionada pero a otras se les veía muy feliz, con grandes sonrisas en sus rostros y te incitaban a bailar con ellas. Tres en concreto me ofrecieron salir a bailar, debe ser que mi cara de entusiasmo les estaba diciendo más de lo que yo creía, no acepté porque me pudo la vergüenza, pero uno de los turistas si se animó y la verdad que dejó el listón bien alto.

Restaurante flotante Filipinas

A la salida de la estación donde atraca el barco hay puestos donde se pueden comprar souvenirs, hay que ir teniendo en cuenta que cada isla ofrece los souvenirs personalizados a lo que cada una ofrece, así que vete aprovechando porque fuera de Bohol no encontrarás nada relacionado con los tarsiers por ejemplo.

El aeropuerto nos informó que habían localizado nuestras mochilas, por fin, y según el número de vuelo debíamos estar en el aeropuerto antes de las 19:00, por lo que no sabíamos muy bien cómo organizarnos. Al final, nos liamos la manta a la cabeza y decidimos ir a Alona Beach, solo nos iba a dar tiempo para pegarnos un baño, pero con lo que habíamos leído sobre ella y que no nos gustan los tiempos muertos, decidimos hacer el esfuerzo.

Nos dirigimos a la avenida principal, tras cruzar un puente y frente a la Iglesia de San Pedro Apóstol, (actualmente en ruinas por el terremoto de octubre de 2013) cogimos un jeepney por 27 php por persona que nos dejó en Tagbilarán donde debíamos coger otro que nos dejaría ya en Alona Beach.

iglesia San Pedro, Filipinas

En el jeepney el conductor solo se encarga de conducir (valga la redundancia) y luego hay otra persona que se sitúa al final del vehículo, y va por la parte exterior, para que te hagas una idea, van como los basureros del camión de la basura. Esta persona es la que va avisando al chófer de las paradas y la que se encarga también de cobrar. Toda la gente que subía y bajaba era local, y como extranjeros que éramos seguían con la dinámica de sonreírte, incluso subieron escolares que quisieron entablar conversación y sacarse fotos.

Jeepney Filipinas

Después de unos 35 minutos llegamos a Tagbilarán, no habíamos terminado de bajarnos cuando delante de nuestras narices, se iba el otro jeepney que debíamos coger. Ciertamente estaba muy lleno por lo que tampoco hicimos nada para avisarles. Entonces un lugareño se ofreció a llevarnos, tres en una moto, ya no nos parecía tan descabellado ¿y que fuera desconocido? tampoco.

Por 150 php nos dejó en la playa, después de 30 minutos de trayecto, pero como íbamos a estar solo una hora nos espero y nos llevó a nuestro siguiente destino.

Alona Beach, una playa de arena blanca, tan fina como la harina, agua turquesa y en calma, rodeada de barquitas de marineros (para nuestro gusto algo masificado en este aspecto) y con centros de buceo por los alrededores. Solo había un par de parejas de turistas y algún vendedor ambulante. Nos echamos el ansiado y merecido primer baño en Filipinas y regresamos al punto de encuentro donde habíamos quedado con nuestro chófer motero Jun.

Alona Beach, Filipinas

Tras media hora de trayecto, en la que sorprendentemente Adrián se permitió durante unos segundos echar una cabezada… llegamos a la estación de ferrys, con el culo cuadrado y ya empezando a doler con tanto bache y la falta de costumbre.

El ferry de vuelta, de nuevo el Ocean Jet (500 php trayecto+ 20 php tasas puerto), debía salir a las 16:00 pero se atrasó unos 20 minutos por lo que llegamos de noche al puerto, en agosto oscurece a las 18:00 y recuerda que el trayecto es de 2 horas.

Oceanjet ferry Filipinas

Llovía a cántaros y buscamos un taxi que nos llevara al aeropuerto, por 400 php (era viernes y al comenzar el fin de semana se colapsaba la ciudad) 50 minutos después llegamos al aeropuerto.

En la puerta de “Llegada Internacional” explicamos a los policías lo sucedido con las mochilas para poder entrar, nos dirigimos a la oficina del primer día y uno de los empleados nos explicó que hubo un error, por lo que las mochilas no se cargaron en el avión. Locura y desesperación, necesitábamos las lentillas y el calzado para la excursión que teníamos prevista al día siguiente (en las Kawasan Falls).

Por lo visto, hacía una hora nos habían mandado un email informándonos del error, y pese a que les indicamos que debían informarnos al email de Adrián, que era el que se había comprado la tarjeta SIM me lo mandaron a mí, que sin Wi-Fi no me iba a llegar. El caso es que nos dijeron que al día siguiente nos las llevarían al hotel en el que estuviéramos, pero nuestra intención era pasar solo una noche en el Tipolo Beach Resort y luego ir a otro hotel que ni si quiera sabíamos en ese momento cual.

Tal y como habíamos solicitado por correo, un coche en nombre del hotel nos fue a buscar. Tardamos tres horas y media en llegar al hotel, cuando normalmente se tardan dos, el colapso continuaba y nos costó 2500php. Llegamos a las 24:00 y, por suerte, había un bar abierto cerca del hotel. Nos pedimos unas especies de perritos calientes…

Nos fuimos a nuestra habitación, nos acompañó el chico de seguridad y vimos unos cangrejos ermitaños grandísimos por los caminitos hasta las cabañas. En el Tipolo Beach Resort la habitación estaba bastante bien, con nevera, armario, baño privado y una terraza con unos asientos de madera y una mesa. También estaban las cabañas orientadas hacia un pequeño Jardín, pero en este caso, teníamos el mar a unos 5 metros.

Tipolo Beach resort Moalboal

Por cierto, como ya era poco lo de las mochilas, cuando estábamos de camino al hotel nos percatamos de que el móvil de Adrián se había quedado cargando en la oficina del aeropuerto… yo ya ahí si que me derrumbé… ¿Sería posible tanta mala suerte?. Como en esta visita al aeropuerto me compre una tarjeta para mi móvil me metí en el correo y pude comprobar que me habían mandado un email informándome que se habían dado cuenta de lo sucedido, que lo mantendrían y lo enviarían junto con las mochilas.

El día fue emocionante y decepcionante por lo del equipaje, que estaba haciendo que perdiéramos el tiempo, el dinero y tuviéramos que cambiar la organización tan estudiada que traíamos desde casa. Aunque, también es verdad, que ahora una vez finalizado el viaje, he de reconocer que gracias a este hándicap finalmente hicimos dos cosas que no estaban previstas: el restaurante flotante en el río Loboc y el avistamiento de sardinas en Moalboal, con lo que le dieron valor añadido al viaje.

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